domingo, 31 de julio de 2011

Solía permitirse una incursión en el terreno de lo imposible porque no siempre una certeza era mejor que mil dudas.                      

miércoles, 27 de julio de 2011

Pistas

Procuraba proveer un sin fin de pistas acerca de mis intenciones sabiendo que era en vano. Las mariposas se me agolpaban cada vez que me sonreía y el tiempo se volvía vertiginoso cuando él estaba próximo. Se me metía en los sueños y una implacable inercia me impedía reprimirlos. Durante la vigilia era capaz de deslindar su delgada figura e imaginarlo en infinitas situaciones en las cuales conversábamos sobre lo que estaba excediéndonos y de la nada muchas lágrimas me nublaban la visión. Conocía su tenacidad al respecto.

Él tenía miedo, había mucho en juego y a mí me encantaban las imposibilidades. Sumergirme en absurdas fantasías y pensar que quizás un día…

Mientras él acusaba recibo de los propósitos de la niña no tan niña desde aquel lugar tan correcto, con tan poco compromiso, tan inimputable, me daba cuenta que había llegado lejos y ya era suficiente porque caía en la cuenta de que lo fácil me desencantaba rápidamente, entonces la atracción se debía a la complicación de ser correspondida.

Tenía que olvidarlo, aunque lo quimérico pudiera mutar a asequible había que dar un paso al costado, no había ningún posible final feliz en cuentos que claramente no eran de hadas.

domingo, 26 de junio de 2011

Bis

La vida no podía ser solo esto y si no había nada más ya me había aburrido.

Siempre lo mismo, las mismas idas y vueltas, respuestas similares, histerias, desamores, comienzos y finales.

Nada me sorprendía ni me dejaba sin nada que acotar. Los remates desgastados de tanto uso ni siquiera me provocaban una sonrisa.

Tenía que tergiversar el rumbo o hundirme en el conformismo de cientos de mediocres.

El alcohol me ayudaba hasta el lunes de cada nueva semana cuando me subía a mis tacos y lucía soberbia la careta de chica que todo lo puede. 

El problema resurgía cada noche expresado en interminables insomnios, opresión en la garganta y la amarga sensación de contar con un potencial censurado y centenares de gritos ahogados, acallados con el objeto de guardar las apariencias, de ser tolerante y correcta, de ajustarme al lineamiento impuesto, no vaya a ser que a uno lo tildaran de inadaptado.

¿La solución? Patear el tablero, arrancar una vez más sin ser la mejor, sin tantas exigencias absurdas, sin tanto perfeccionismo, arrancar siendo lo que era.

Pero… ¿qué otra cosa era sino este manojo de ansiedad y auto-exigencia?

Entonces lo conocí, leía La Divina Comedia. Oculté lo mejor que pude mi 4to. libro de Harry Potter y le consulté dónde había comprado su negra campera de cuero. Me respondió que en el local de al lado de la librería donde yo había adquirido el libro del mágico muchachito de anteojos con una rayo en la frente.

Y vuelta a empezar con una historia con “The end” predecible, claro.

sábado, 25 de junio de 2011

Ella sabía que él tomaba el café con tan solo dos cucharaditas de azúcar y eran esa clase de detalles los que convertían en cotidianidad cualquier vago intento de sembrar singularidad.


La historia se repetía una y otra vez, cuando súbitamente las mariposas migraban dejaban de saldo una descolorida rutina sin magia alguna.


Por eso evitaba compromisos, conocía de memoria sus finales.

martes, 14 de junio de 2011

El Futuro - Julio Cortázar

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y sé muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti. 

jueves, 26 de mayo de 2011

Ella

De vez en vez tenía sorprendentes arrebatos de lucidez y encandilaba con su brillo, pero la mayoría de las veces se encontraba sumida en la más desconsolada depresión y todo le resultaba más de lo mismo de siempre. Algo debía cambiar y torcer ese rumbo que solo parecía direccionarla a la desilusión constante. Necesitaba creer en algo… algo que no fuera un “alguien” porque eso último la había llevado a estar así de vacía, así tan sin ganas, así de escéptica, así de resignada y resentida.

Sucedió que un día como cualquier otro, iluminada por una pizca de optimismo, entendió que la felicidad no podía estar supeditada a otra persona, dependía de ella y mientras no estuviera bien consigo misma cualquier intento por revertir su cambiante humor sería en vano. Entonces fue cuando dedujo que la solución era muy simple: necesitaba creer en ella.
Maquilló sus mejillas y salió a la calle con aire renovado, compró nueva ropa y cambió su look en una peluquería ubicada en Palermo. A la noche, luego de haber disfrutado de un espumante baño de inmersión, se vistió con una mini negra, una holgada remera gris y borcegos negros. Estaba lista para más de lo mismo, llegó al bar que tantas veces la vio marcharse sin siquiera poder hilar palabra alguna, se sentó en su taburete preferido – el del medio – al cabo de un rato se dijo que ya llevaba mucho tiempo perdido en aquel sector y el bar no era el problema, quizá fuera el lugar en el cual se encontraba sentada… esperó a que se desocupara cualquier otro banco, el más alejado posible del que ocupaba en ese momento y, así, consiguió el sitio ubicado en la punta extrema izquierda, la parte más oscura del establecimiento.
-¿Sola?
-Ahora con vos.
-(Sonríe, mira a quién atiende detrás de la barra) Dos Coronas, con limón por favor.
En cuanto le entregan las bebidas coloca una delante de ella.
-¿Solo?
-Ahora con vos.
Sonríen.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Es una ilusa, persigue la perfección encantada de los cuentos de hadas. Así, no deja de condenarse a la eterna frustración.
“Creí que era distinto”, se excusa mientras destroza decenas de diarios íntimos.
Idiota.